Yo también fui a las fiestas. Conviví, me divertí y disfruté de varios de sus momentos.
Y lo digo con toda honestidad, sería injusto afirmar que todo estuvo mal. Hubo eventos que disfruté, hubo participación de la gente y hubo momentos que, como cualquier habitante de Ojuelos, viví con alegría.
Pero también creo que podemos disfrutar lo bueno y, al mismo tiempo, hacer preguntas.
Una cosa no cancela la otra.
A veces pareciera que, cuando participamos en política, tenemos que escoger entre reconocer lo que está bien o señalar aquello que consideramos que debe revisarse. Yo no creo en esa forma de hacer política.
Antes que político, soy habitante de Ojuelos.
Aquí vivo. Aquí convivo con mi familia, con mis amigos y con la gente que conozco desde hace muchos años. Aquí también he visto las necesidades que tenemos y, desde mi experiencia dentro del gobierno, he conocido de cerca cómo se toman algunas decisiones.
Por eso pregunto.
No porque quiera que a alguien le vaya mal. No porque disfrute señalar. Y mucho menos porque crea que todo lo que hace un gobierno está mal.
Pregunto porque creo que gobernar también significa rendir cuentas.
Las fiestas duran unos días. El gobierno, en cambio, tiene una responsabilidad todos los días, con el agua, con la seguridad, con las calles, con las comunidades, con los servicios y con cada peso que administra.
Y precisamente porque quiero que a Ojuelos le vaya bien, quiero que sus instituciones funcionen bien.
Si las fiestas fueron un éxito, qué bueno.
Si generaron ingresos, queremos saber cuánto.
Si hubo gastos, queremos saber cuánto se gastó.
Si hubo negocios o concesiones, queremos saber cómo se administraron.
Y si los recursos llegaron a Tesorería, que se pueda demostrar con documentos.
No estamos pidiendo algo extraordinario.
Estamos pidiendo algo que debería ser normal en cualquier gobierno y son las cuentas claras.
Creo profundamente que exigir transparencia no significa gritar más fuerte. Tampoco significa insultar, descalificar o convertir cada diferencia en una pelea.
A veces, exigir es simplemente sentarse, preguntar, revisar documentos, escuchar las respuestas y volver a preguntar cuando algo no queda claro.
Esa es la forma en la que quiero hacer política.
Una política que no necesite enemigos para tener identidad.
Una política que pueda reconocer lo bueno sin dejar de cuestionar lo que debe cuestionarse.
Una política que no tenga miedo de preguntar, pero que tampoco tenga miedo de reconocer.
Como regidor, haré las preguntas que correspondan y solicitaré la información necesaria. No para encontrar culpables a toda costa, sino para que los ciudadanos podamos conocer cómo se administran los recursos que pertenecen a todos.
Porque al final, esto no debería tratarse de quién tiene la razón.
Debería tratarse de Ojuelos.
Y si todo se hizo correctamente, demostrarlo debería ser sencillo.
Ojalá así sea.
Porque cuando un gobierno hace bien las cosas, transparentarlas no lo debilita.
Lo fortalece.
— Julio Escalante
