Ojuelos tiene jóvenes con un talento enorme con ciclistas que han competido a nivel mundial, fisicoculturistas, boxeadores que han representado a México y deportistas que entrenan todos los días para llegar más lejos.
Pero detrás de cada medalla hay padres que hacen sacrificios para pagar equipo y viajes, entrenadores que trabajan con pocos recursos y jóvenes que organizan actividades para poder competir.
Antes de ganar, ya tuvieron que luchar muchísimo.
Durante años he estado cerca del deporte y he visto esos esfuerzos de primera mano. Por eso celebro sus triunfos, pero también creo que debemos recordar algo:
Una fotografía después del triunfo no sustituye el apoyo que hizo falta durante el camino.
El respaldo debe llegar cuando necesitan entrenar, pagar una inscripción o trasladarse a una competencia. Porque muchas veces les sobra talento, pero les faltan oportunidades.
Lo mismo sucede con quienes quieren estudiar y enfrentan gastos de transporte que ponen a prueba la economía familiar.
¿Qué oportunidades estamos construyendo realmente para nuestros jóvenes?
Decirles que son el futuro es fácil. Lo difícil es construir un presente en el que puedan llegar a serlo.
Sé que ningún gobierno puede resolverlo todo. Pero gobernar significa establecer prioridades. Si queremos estudiantes, debemos ayudarles a llegar a sus escuelas. Si queremos campeones, debemos acompañar su preparación. Si queremos alejarlos de las adicciones y la violencia, debemos ofrecerles deporte, cultura, educación y oportunidades.
No escribo esto para restarle valor a ningún reconocimiento. Lo escribo porque ningún joven debería tener que triunfar primero para recibir respaldo.
Detrás de cada medalla hay madrugadas, entrenamientos que nadie vio, familias que hicieron sacrificios y jóvenes que alguna vez pensaron en rendirse.
Y quizá ahí es donde más necesitamos estar.
No cuando ya ganaron.
No cuando ya demostraron que podían.
Sino cuando todavía están luchando por hacerlo.
Nuestros jóvenes no necesitan únicamente aplausos de ocasión.
Necesitan oportunidades reales.
Necesitan programas permanentes, apoyos claros, espacios dignos y autoridades que entiendan que acompañar a la juventud significa caminar con ellos durante el proceso, no aparecer solamente al final.
Porque el talento puede nacer en cualquier lugar.
Pero para crecer necesita oportunidades.
Y nuestros jóvenes no deberían tener que demostrar primero que son campeones para que decidamos creer en ellos.
La fotografía dura un momento.
La medalla se queda como recuerdo.
Pero el apoyo que llegó a tiempo puede cambiar una vida entera.
— Julio Escalante
